Se plantea la sospecha de una posible conspiración contra la selección argentina, vinculada a dirigentes con intereses en apuestas deportivas y la influencia de ciertos países en la FIFA.
Se menciona la cercanía entre el presidente de la FIFA, Infantino, y Chiqui Tapia, sugiriendo una posible influencia en decisiones arbitrales o de organización.
Se critica la elección de países con poca historia futbolística para albergar mundiales, como México y Estados Unidos, y se cuestiona la falta de "clima" futbolístico en estas sedes.
Se hace referencia a anécdotas de jugadores y técnicos, como la de Basile y el Turco García, y se debate sobre la influencia de las relaciones personales de los dirigentes en el deporte.