Se narra el éxito de René Lalique en la Exposición Universal de París en 1900 con su emblemática libélula con cuerpo de mujer. Su ingenio se extendió a esculturas, lámparas y frascos de perfume, utilizando la técnica del vidrio con maestría.
A partir de 1908, Lalique se centró en la escultura en vidrio, abandonando la joyería pero dejando un legado de estilo inconfundible que trascendió fronteras.