El caso de Luciana se presenta como una "historia con final feliz", destacando el cumplimiento del protocolo de búsqueda y la rápida reacción de la fiscalía a cargo del fiscal Monti.
Se critica al ministro Quintero, calificándolo de "ministro carente de profesionalismo" y comparándolo con Berni, por su supuesta sobreactuación y silencio en casos anteriores como el de Agostina. Se menciona su aparición mediática y su rol electoralista.