Un grupo de 22 países occidentales, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Canadá, emitieron una declaración conjunta en contra de los planes de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, la Fuerza Quds y el Ministerio de Inteligencia y Seguridad iraníes.
Se les acusa de orquestar ataques, complots y actos hostiles contra objetivos en Occidente. Las autoridades occidentales también señalaron la relación entre los servicios de inteligencia de Irán y redes criminales internacionales.
Irán afirmó que el Estrecho de Ormuz está cerrado al paso de vehículos, y medios estatales reportaron acciones navales contra cargueros. Esto genera tensión en el comercio mundial y el mercado del petróleo, con mercados reaccionando negativamente y subas en los precios del crudo.
Se menciona una fuerte discusión política dentro de Israel respecto a la situación, con el primer ministro Benjamin Netanyahu en el centro de la controversia.