La ciudad de Belfast, Irlanda del Norte, se encuentra sumida en una ola de violencia anti-inmigratoria tras el intento de asesinato de un norirlandés por parte de un refugiado sudanés. El incidente ha desencadenado protestas que escalaron a disturbios, quema de autos y ataques a negocios.
Familias de inmigrantes se han visto obligadas a huir de sus hogares. La situación recuerda a los "troubles" de los años 90 en Irlanda del Norte. La creciente tensión social y la política de inmigración del gobierno británico son factores clave en esta crisis.