Las tormentas intensas, tras aproximadamente 45 minutos de actividad, tienden a disiparse debido al enfriamiento del aire en la parte inferior. Al perder el calor que las alimentaba, la tormenta se debilita y eventualmente cesa.
Posteriormente, en los alrededores del área afectada por la tormenta, pueden formarse nuevas nubes y desarrollarse nuevas tormentas. En el lugar donde se originó la lluvia, el cielo tiende a despejarse, permitiendo la aparición del sol.