Se describe una dualidad en la economía argentina: por un lado, indicadores positivos y festejos gubernamentales (caída del riesgo país, compras de divisas), y por otro, la dura realidad de millones de argentinos que luchan para llegar a fin de mes, con familias endeudadas, caída en las ventas minoristas y salarios que no recuperan lo perdido.
Se contrastan los anuncios de inversiones extranjeras y boom de viajes al exterior con la caída en la producción y venta de fábricas, y el estancamiento del consumo masivo. La mayoría de los argentinos reporta una disminución en su poder adquisitivo, viéndose obligados a ajustar gastos en todos los rubros.