Se analiza la desconexión entre el optimismo económico oficial y el humor social en Argentina. Si bien hay un apetito por el producto argentino en el exterior y consultas recurrentes de inversión, esto no se traduce directamente en la calle ni en el ánimo general de la población.
Las inversiones, aunque anunciadas, requieren tiempos de ejecución que explican parte de esta disociación. Además, la interrupción abrupta del crédito, especialmente para consumo durable y semidurable, ha frenado sectores que venían mostrando recuperación, como la venta de autos.
Se discute la responsabilidad de bancos y fintechs en la crisis crediticia, señalando la volatilidad de tasas como un enemigo del negocio de intermediación financiera. La mora ha aumentado y los bancos deben depurar sus carteras de créditos incobrables, mientras las familias necesitan recuperar ingresos disponibles para afrontar sus deudas.
Se anticipa que la recuperación del crédito será lenta y no se espera el mismo dinamismo de fines de 2024. El gobierno busca fuentes externas para dinamizar la economía, equilibrando objetivos de acumulación de reservas, inflación y actividad económica.