La situación en Cuba se agrava debido a la falta de energía eléctrica, combustible y el cierre anticipado del ciclo lectivo. Los apagones de hasta 22 horas diarias afectan el descanso de los niños y la operatividad de los servicios básicos.
La escasez de combustible dificulta el transporte de estudiantes y docentes, y la falta de energía en los comedores escolares compromete la alimentación. La crisis se torna insostenible, afectando la vida cotidiana de la población y la continuidad educativa.