Una persona se enfrenta al dilema de en quién confiar sus objetos valiosos, tanto monetaria como afectivamente, al necesitar venderlos urgentemente para saldar una deuda de 3 millones de pesos contraída por el mal uso de tarjetas de crédito no bancarias.
La persona, desesperada, acude a un comercio para tasar lingotes de oro comprados online por su madre y un anillo de su abuela, esperando que sumen lo suficiente para cubrir la deuda generada por compras impulsivas y la acumulación de intereses. La situación se agrava al no poder dar de baja las tarjetas y ver cómo los intereses crecían.