Se analiza el temor del adolescente de 16 años a declarar sobre la desaparición de su novia de 15, quien fue encontrada en una casa abandonada. Se especula sobre la posibilidad de manipulación adulta o simplemente el miedo de los jóvenes ante la dimensión del hecho.
El joven declaró en dos oportunidades sin éxito, y solo en la tercera confesó la ubicación de la chica. Se descarta en principio la participación de familiares del joven, pero se investiga si hubo intervención de terceros.
La madre de la adolescente expresó no entender por qué su hija no confió en ella, abriendo la puerta a la hipótesis de una posible manipulación externa. Se destaca que la adolescente se comunicaba exclusivamente a través de este joven, habiendo descartado su celular.