El autor enfatiza que ninguna ideología o poder justifica la violencia, señalando que muchos crímenes y masacres se cometieron bajo la premisa de "ellos son malos y yo tengo la verdad".
Como ejemplo, menciona los gobiernos de Perón en los años 50, que fueron autoritarios, encarcelaron opositores y practicaron la tortura. Sin embargo, la Revolución Libertadora que lo sucedió fue similar o peor, lo que demuestra que no hay justificación para la violencia.
Se discute el caso de Juan Duarte, hermano de Eva Perón, cuya muerte está rodeada de misterio. Mientras los antiperonistas sostienen que Perón lo mandó a matar, los peronistas afirman que se suicidó por corrupto. El autor señala que la versión de que se suicidó es cuestionable, ya que incluso se exhibió su cabeza en el departamento de policía.