Se argumenta que, incluso si la profecía hubiera sido del diablo, Saúl, al estar en pecado y sin Dios, era propenso a creer mentiras.
Se cuestiona la sorpresa ante la posibilidad de que el diablo mienta, dado que la Biblia lo describe como tal, y se sugiere que Saúl pudo haber sido víctima de una "profecía mentirosa".
¿Por qué no creer que realmente era un diablo, que era un demonio disfrazado el que vino con esa profecía de muerte? Que era una mentira, que era una profecía mentirosa de un profeta mentiroso y que él creyó esa mentira.
Se concluye que la creencia en esa mentira llevó a Saúl a quitarse la vida, demostrando el poder destructivo de las falsas profecías y los pensamientos negativos.