El Cerro Rico de Potosí, Bolivia, vive un nuevo auge minero impulsado por los precios récord de la plata y el estaño. Miles de jóvenes bolivianos se adentran diariamente en socavones a 4.800 metros de altura en busca de un futuro mejor.
Este nuevo "boom" mineral, aunque representa una oportunidad económica, tiene un alto costo humano. El trabajo en condiciones precarias, la exposición a polvo y gases, y la falta de seguridad convierten a la minería en Potosí en una trampa devastadora.