Tras el fallecimiento del Indio Solari, la organización de su velatorio se convirtió en un complejo entramado político y logístico. Inicialmente se barajaron lugares como el Congreso, Tecnópolis y estadios de fútbol, pero finalmente se optó por el microestadio de Domoníco.
Máximo Kirchner desempeñó un papel clave al gestionar la logística y contactar a Axel Kicillof, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, para coordinar la cesión del espacio. A pesar de las tensiones preexistentes entre ambos dirigentes, la magnitud del evento y el respeto por la figura del Indio Solari facilitaron la colaboración.
El operativo movilizó a diversas áreas del gobierno provincial y municipal, así como a la productora de Javier Grossman, experimentada en eventos masivos. La coordinación política fue fundamental para garantizar un desarrollo pacífico y ordenado del velatorio, demostrando la capacidad de articulación entre diferentes sectores en momentos de gran conmoción popular.