Se reflexiona sobre la democratización de los medios y la diversidad de voces en la actualidad, donde coexisten diferentes tipos de comunicadores: propagandistas, críticos y opositores.
Se destaca la tarea diaria de informar y la importancia de la emoción en la comunicación, reconociendo la existencia de comunicadores buenos y malos.
Se cuestiona la idea de atacar a una profesión, señalando que la generalización del 95% de algo negativo habla más de quien lo dice que de los profesionales mismos.