El señor Ingers se queja de que Harriet publicó que iba a quebrar, y que a pesar de que le dijo que era falso, el señor Murdoch se escudó en "solo sé lo que leo en la prensa" y le negó el crédito.
Ingers considera que es demasiado y que es hora de hablar con Murdoch. Al encontrarse con él, Ingers le reprocha que utiliza su periódico y a ellos para su lucro personal, calificándolo de amarillista.
Murdoch defiende su posición argumentando que en América toda empresa tiene derecho a ganancias legítimas, incluso la prensa. Ingers lo acusa de usar su pluma para mentir y causar daño, además de hacer publicidad de su familia y empresa.
Murdoch insiste en que da al público lo que pide, evidenciado por el aumento de suscripciones y anuncios. Ingers, por su parte, afirma que no compra su periódico y que le deben una semana de pago a sus hijos, quienes irán a reclamarlo esa tarde.