Se investiga la propiedad de Barrelier, señalada por vecinos como un punto de narcomenudeo, y se cuestiona cómo una persona que supuestamente no tenía dinero para pagar un remis podría haber organizado un secuestro.
Se plantea que, a pesar de una posible adicción, quienes se dedican al narcomenudeo suelen tener cierta solvencia económica, lo que contrasta con la situación de Barrelier.
Se reflexiona sobre la torpeza en la organización del secuestro y se insinúa que podría haber alguien más detrás, dado que Barrelier no parece ser el líder.