Se retoma la importancia de las oraciones de arrepentimiento, señalando que son preciosas para Dios. Se hace referencia al caso de Jacob, quien luchó con Dios en una larga noche de oración y fue bendecido. Se destaca que Jacob lloró y clamó para obtener la bendición divina.
Se contrasta esto con las "oraciones de utilería", que son superficiales, frías y carentes de lágrimas, sugiriendo que estas no producen los mismos resultados que las oraciones sentidas y arrepentidas.