La Biblia dedica un espacio central a la oración, considerándola un tema crucial. Se presentan ejemplos como Jacob, quien luchó con Dios en una noche de oración y prevaleció obtieniendo una bendición, además de David y Daniel.
Se establece que sin oración no hay salvación, ya que esta puede manifestarse a través de suspiros, gritos, gemidos o clamores. En segundo lugar, se afirma que sin oración no hay esperanza. Se menciona la intercesión de Jesús por Pedro y su ministerio perpetuo rogando por nosotros a la derecha de Dios, lo que subraya la importancia de un intercesor constante.
El Espíritu Santo también intercede, ayudándonos a conocer la voluntad de Dios y guiándonos en nuestra oración. Se enfatiza que no estamos solos y que Dios ha puesto el cielo a nuestra disposición para seguir adelante.