Claudio Villarruel, productor y amigo del Indio Solari, reflexiona sobre la masiva despedida en Villa Domínico, calificándola como un "ritual" y una "señal" de la situación del país. Critica al gobierno por "negar la cultura popular" y resalta que la música del Indio ha trascendido generaciones, uniendo a personas de diversos ámbitos.
Según Villarruel, el Indio Solari poseía una "antena" especial para conectar con el espíritu humano, político y social. Describe la experiencia en la fila como un encuentro de hermandad, donde desconocidos se abrazan y comparten emociones. Considera que este evento es una muestra de "la gente de bien de verdad" en Argentina.