Keiko Fujimori planteó la elección como un dilema entre el orden y el caos, acusando a la izquierda de ser responsable del desorden. Por su parte, Roberto Sánchez acusó al fujimorismo de co-gobernar desde el Congreso y crear leyes para la impunidad.
Fujimori centró su discurso en una guerra contra la extorsión y el crimen organizado, mientras Sánchez se reunió con la Asociación de Víctimas y Huérfanos, utilizando el dolor de las familias como motor de su campaña contra el fujimorismo. La población muestra un rechazo visceral a Fujimori, recordando el gobierno de su padre.