Se criticó la ineficiencia persistente del sector público argentino, tanto a nivel nacional como provincial y municipal, calificándolo como el eslabón más improductivo del país. Se enfatizó la necesidad de un cambio rápido en la productividad del sector público para evitar cuellos de botella.
Se señaló que, a pesar de la desregulación y algunos recortes, el Estado no ha experimentado una transformación real y sigue siendo ineficiente. Se ejemplificó la falta de infraestructura básica como rutas, generación y transmisión de energía, y la necesidad de que el Estado intervenga en su provisión.
Se planteó que la falta de inversión en infraestructura y la ineficiencia del sector público son obstáculos para el desarrollo de sectores clave como la minería y la energía, y que la "destrucción creativa" no puede implementarse sin un Estado eficiente que acompañe las transformaciones.