Un ambicioso proyecto de túnel ferroviario de 60 kilómetros bajo los Alpes franco-italianos busca conectar Lyon y Turín, descarbonizar el transporte y crear una infraestructura duradera. Dirigido por Emmanuel Ambea, el túnel, que avanza 15 metros diarios, es considerado un hito de ingeniería.
Sin embargo, los habitantes del Valle de Morién expresan su rechazo al proyecto de 11 mil millones de euros. Philippe Delon lo califica como un desastre financiero y ecológico, mientras que Patrick Judin, residente cercano al vertedero de escombros, lamenta tener que vivir décadas rodeado de desechos sin compensación.
El alcalde de Saint-Jean-de-Maurien, Philippe Rollet, reconoce que las constructoras aportan inversión municipal, pero critica que los empleos son temporales y que el proyecto acelera el éxodo de población, conectando grandes urbes pero ignorando las localidades por las que atraviesa.
La hidrogeóloga Erika Sandford alerta sobre el descenso del nivel freático y la posible desaparición de manantiales debido a la excavación. Los habitantes locales se quejan del ruido, el polvo y la destrucción del entorno, mientras que la Unión Europea, Francia e Italia financian la obra.