Un hombre se presenta en una funeraria para solicitar un presupuesto para su propio entierro, acompañado por otra persona que lo asiste en los trámites.
El cliente expresa dudas entre un entierro tradicional o una cremación, consultando sobre los precios y opciones disponibles, incluyendo urnas y ataúdes.
Se le informa sobre la posibilidad de esparcir las cenizas en el mar y se le muestran opciones de urnas de porcelana blanca con detalles dorados.
La funeraria también ofrece recordatorios, tarjetas personalizadas, ornamentación floral, organización de ceremonias y música en vivo, además de la elaboración de DVDs conmemorativos.