Se plantea la pregunta crucial sobre si los privilegios de cercanía con Jesús, como los de Pedro, Jacobo y Juan, fueron decisión divina o resultado de méritos propios de los discípulos.
Se descarta la idea de que Dios tenga favoritos, lo que implica que la cercanía con Jesús es una posibilidad abierta a todos. La relación privilegiada de estos hombres con Él fue el resultado de su propia decisión y de la profundidad de su respuesta al amor divino.
Se concluye que la admisión al círculo íntimo de Dios es el resultado de un deseo profundo y de la disposición a sacrificar lo necesario para cultivar esa relación, al igual que los discípulos respondieron al amor de Jesús.