Se profundiza en la idea de que la cercanía y el favor de Dios no son arbitrarios, sino que se ganan a través de méritos y una búsqueda apasionada de Su presencia.
Se contrasta la actitud de Moisés, quien buscó activamente la intimidad con Dios y prefirió quedarse en el desierto con Él antes que ir a la Tierra Prometida sin Su compañía, con la del pueblo de Israel, que rechazó la voz de Dios por temor.
Se destaca que Josué también desarrolló una profunda intimidad con Dios al permanecer en la "tienda del encuentro", buscando Su presencia constantemente. Se concluye que Dios está disponible para aquellos con "corazones apasionados" que buscan Su gloria y presencia, y que esta intimidad es un privilegio ganado, no otorgado sin motivo.