Belén relata cómo, ante la posibilidad de que su hija Roma muriera o quedara asmática, decidió luchar aferrándose a la fe y participando en reuniones de "casos imposibles". A pesar de la medicación que no siempre era efectiva y la mochila llena de remedios que solía llevar, Belén perseveró.
Puso en práctica lo aprendido, creyendo que con lucha, perseverancia y fe, junto con su propio esfuerzo, la recuperación era posible. Logró superar la situación y su hija fue sanada, sin necesidad de los tratamientos previos.