Nisrin Shamseddin, psicóloga y directora de la escuela Aduja en Beirut, describe el profundo impacto de la guerra en los niños libaneses. Señala que muchos sufren de trastornos de concentración, agitación motriz y regresiones conductuales, además de un miedo constante a ser separados de sus padres debido a la violencia.
Las escuelas han tenido que adaptarse, suspendiendo clases presenciales y migrando a modalidades en línea ante la inestabilidad. La escuela Aduja, ubicada en los suburbios del sur de Beirut, reanudó clases presenciales tras seis semanas de suspensión, pero la ansiedad persiste debido a la incertidumbre sobre futuros ataques y la dificultad para evacuar a los alumnos. Otra escuela en la ciudad de Naqoura, en el sur, sufrió daños considerables y tuvo que cerrar, reubicando a sus estudiantes.
Shamseddin enfatiza que un simple portazo puede desencadenar reacciones de pánico en los niños, quienes temen por la seguridad de sus familias. La situación es particularmente grave en el sur del Líbano, donde la agresión continua ha afectado gravemente la infraestructura educativa y la vida de los menores. La cohabitación entre comunidades con visiones políticas divergentes sobre el conflicto añade una capa de complejidad a la gestión de la crisis.