Se plantea la pregunta sobre el valor económico de la colección del Museo Soumaya, concluyendo que es imposible asignarle un precio. Se reflexiona sobre la relevancia de conocer el costo de una obra para determinar su valor, sugiriendo que el significado histórico y el contexto artístico son más importantes que el precio.
Se advierte contra la confusión entre el valor monetario y el valor artístico o histórico de las obras.