Se explican dos tipos de promesas a Dios: la abstinencia voluntaria de algo permitido (como dedicarse a la oración en lugar de la intimidad matrimonial) y ofrecer un servicio o regalo a cambio de una bendición. Se aclara que los diezmos no son una promesa, sino una obligación.
Se enfatiza que las promesas a Dios deben ser voluntarias y respetuosas, no exigencias. Dios no es un siervo y no se le puede obligar ni exigir nada. La relación con Dios se basa en la voluntad del Señor, y las promesas son una petición respetuosa.