Se elogia la labor del fiscal Jávega en la causa Almazó, comparándolo con un "fiscal sueco" por su sobriedad y humildad en la investigación, que incluyó el descubrimiento de ADN.
Se contrasta su actuación con la de otros fiscales, como Rivero, quien pidió la absolución, y se expresa el deseo de que se premie a los fiscales que realizan este tipo de trabajo riguroso, sin creerse superiores y sin necesidad de grandes dotes de comunicación.