El delta del Río Colorado, alguna vez un extenso humedal, ha sufrido un drástico cambio debido a la desviación de su caudal para uso agrícola y urbano, dejando a los pueblos originarios como el cucapá sin su fuente tradicional de alimento.
Aida Navarro, de la alianza Revive el Río Colorado, señala que México, los pueblos originarios y el medio ambiente fueron los grandes ausentes en la repartición del agua. Sin embargo, a partir de los años 2000, se revalorizó la resiliencia del ecosistema y se inició un esfuerzo binacional para destinar agua a su restauración, aunque la cantidad actual es mínima.
La agricultura sigue concentrando la mayor parte del agua, y el cambio climático aumenta la presión sobre el recurso. La falta de agua y la competencia por ella han convertido al delta en un laboratorio para buscar un futuro sostenible.