El COVID-19 generó un estrés psicosocial a escala mundial, similar al impacto de una guerra. A diferencia de conflictos anteriores donde Argentina estuvo más aislada, la pandemia afectó a toda la sociedad global de manera simultánea.
Este estrés psicosocial, cuando se combina con situaciones críticas como las vividas en 2001, puede tener consecuencias devastadoras en la salud pública, incrementando la incidencia de enfermedades y afectando el bienestar general.