El traslado de la capital federal a la Patagonia, impulsado por Alfonsín, buscaba romper con un modelo de país macrocefálico y primarizado. El expresidente lamentó hasta su muerte no haber podido concretar el proyecto, que consideraba crucial para la organización territorial y el desarrollo de Argentina.
La decisión de Alfonsín generó controversia y, según se sugiere, un fuerte rechazo interno que impidió su avance. La frustración por no haber llevado a cabo este plan quedó marcada en sus últimas declaraciones, donde expresaba su arrepentimiento por no haber realizado al menos un gesto simbólico en Viedma.