Se critica el tratamiento mediático de casos de femicidio, recordando la crónica de Clarín sobre Melina Romero como ejemplo de prácticas periodísticas cuestionables. Se aboga por centrar la atención en los agresores y en la prevención, en lugar de revictimizar a las víctimas.
Se reflexiona sobre la importancia de los protocolos y la educación en la prevención de la violencia de género, y se cuestiona la pasividad ante señales de advertencia como la ausencia de Agostina en el colegio durante tres semanas.
Se plantea la necesidad de analizar las estructuras de poder y los factores que contribuyen a la perpetuación de la violencia, y se insta a la reflexión sobre cómo la sociedad y las instituciones abordan estos casos.