Sebastián, un joven de 23 años de Quilmes, ha iniciado su propio puesto de licuados frente a una escuela, demostrando esfuerzo y sacrificio junto a su abuela Mimi.
A pesar de las dificultades, Sebastián se muestra agradecido por el apoyo de su familia y su abuela, quien lo inspira a seguir adelante con su emprendimiento.
El puesto de licuados se ha vuelto popular en el barrio, atrayendo a estudiantes y vecinos con sus opciones de frutas y dulces.