El segmento rememora el uso del mertiolate en la infancia como una marca de valentía y experiencia de vida, comparando su intensidad con la de las témperas.
Se reflexiona sobre el fanatismo, especialmente el de los seguidores de músicos o deportistas, y cómo este puede llevar a reacciones emocionales extremas, como llorar desconsoladamente ante la figura de un ídolo.
Se introduce la anécdota de Mario Pergolini, quien afirma que ningún artista genera la devoción que provoca un futbolista, citando su experiencia con Bono y The Rolling Stones en contraste con la reacción que provocan jugadores como Juan Román Riquelme o el Indio Solari.