La historia de las convocatorias masivas de Los Redondos y el Indio Solari se remonta a eventos como la muerte de Walter Bulacio en 1987, que marcó un antes y un después en la organización de recitales y la seguridad.
La banda evolucionó desde tocar en lugares pequeños a llenar estadios, enfrentando desafíos de control de público y seguridad. Decisiones como la de prender las luces del estadio durante un show en River Plate, tras un incidente fatal, evidenciaron la complejidad de manejar multitudes tan grandes.
A lo largo de los años, la popularidad de Los Redondos y del Indio Solari creció exponencialmente, generando fenómenos de masas que requerían una logística sin precedentes, a menudo en colaboración con municipios y autoridades, aunque con tensiones sobre la intervención policial y las condiciones de seguridad.