Se rememora una entrevista íntima al Indio Solari en un camarín del Estadio Centenario de Montevideo en el año 2000, compartiendo una botella de whisky. Se destaca la dificultad de guiar la conversación con el Indio, ya que solía responder de manera extensa y no se desviaba de su línea de pensamiento.
Se contrasta esta experiencia con otras entrevistas, donde la dinámica era más fluida. Se menciona la importancia de esa intimidad y la calidad del momento compartido, que se guarda como un recuerdo muy personal y significativo para el entrevistador.