Finlandia y los países bálticos (Estonia, Lituania y Letonia) temen la expansión rusa y han implementado estrictas medidas de seguridad, incluyendo el cierre de fronteras y restricciones de visado.
Finlandia comparte una extensa frontera de 1.400 kilómetros con Rusia. Existe la preocupación de que ciudadanos rusos se hagan pasar por turistas para llevar a cabo "guerras híbridas" a través de ciberataques y sabotajes, como los ocurridos en oleoductos y cables submarinos en el mar Báltico.
Estas medidas, si bien buscan reforzar la seguridad, han afectado negativamente la industria del turismo y el comercio en estos países.