Se narra la experiencia de un pastor que, al iniciar su ministerio, recibió consejos desalentadores sobre el crecimiento de la iglesia.
A pesar de las advertencias, el pastor mantuvo su fe en el plan de Dios y decidió seguir adelante.
Se enfatiza que el crecimiento de la iglesia es un propósito divino, y que Dios tiene sus propios planes que van más allá de las expectativas humanas.Se advierte que no se debe aceptar un plan de crecimiento limitado, ya que el reino de Dios tiene el "ADN de crecimiento" inherente.
La confianza en Dios y la perseverancia son claves para experimentar el crecimiento prometido.