La crisis de matrículas universitarias se extiende globalmente, afectando a instituciones en Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. El informe detalla que esta situación se debe a la baja natalidad, que reduce la cantidad de potenciales estudiantes, y a la percepción de que los títulos universitarios ya no garantizan un buen salario o estabilidad laboral.
En países como Corea del Sur, se proyecta una caída drástica en el número de estudiantes universitarios para 2040. Las universidades están reaccionando con fusiones, reducción de precios y programas online más cortos, intentando adaptarse a un mercado laboral que prioriza habilidades inmediatas sobre la formación académica tradicional.
Otro factor crucial es el endeudamiento estudiantil, especialmente en Estados Unidos, donde una gran parte de los graduados termina su carrera con deudas significativas. Esto genera una pregunta fundamental entre los jóvenes: ¿para qué sirve estudiar si no asegura un futuro económico?
Sin embargo, el informe también presenta la paradoja de que, a pesar de la crisis, los graduados universitarios aún suelen tener mejores salarios y menores tasas de desempleo. Sociólogos como Harmon Rosa defienden el valor de la universidad como un espacio para impulsar el pensamiento crítico y la reflexión, más allá del provecho económico inmediato, en contraposición a los cursos cortos que no siempre logran este objetivo.