Las universidades a nivel mundial atraviesan su primera gran crisis de matrículas, impulsada por la baja natalidad y la devaluación de los títulos en el mercado laboral. En Estados Unidos, las matrículas cayeron un 11% en la última década, y en Corea del Sur se proyecta una drástica disminución de estudiantes para 2040, un colapso sistémico atribuido a la demografía.
La crisis económica de 2008 en Estados Unidos, con la consecuente caída de nacimientos, impacta hoy en la cantidad de jóvenes en edad universitaria. En Corea del Sur, la disminución de nacimientos es aún más pronunciada. Este fenómeno, sumado a la rigidez del modelo educativo masivo, está llevando a las instituciones a fusionarse, bajar precios o crear programas online más cortos para competir por estudiantes.
El "inflación credencialista" hace que los títulos universitarios ya no garanticen salarios altos o estabilidad laboral, llevando a muchos graduados a enfrentar empleos precarios y dificultades para independizarse. El endeudamiento estudiantil, especialmente en Estados Unidos con un promedio de 38 mil dólares por estudiante, se ha convertido en un lastre financiero sistémico.
Ante la obsolescencia de carreras de 4 o 5 años en un mercado laboral que exige habilidades tecnológicas inmediatas, muchos jóvenes optan por certificados y cursos cortos. Aunque la universidad sigue siendo indispensable para carreras reguladas como medicina o ingeniería, la percepción del título como "vida asegurada" ha cambiado. Sin embargo, sociólogos como Harmon Rosa defienden el rol de la academia en impulsar el pensamiento crítico y la reflexión, más allá del provecho económico, cuestionando si estamos ante un punto de quiebre en la historia de la educación superior.