Se explica que Jesucristo, al experimentar el sufrimiento y la tentación como hombre, puede socorrernos y entendernos en nuestras debilidades.
Aunque Jesús no pecó, la batalla contra la tentación fue más difícil para Él que para nosotros, ya que tuvo que enfrentar toda la astucia y poder del diablo.
Como resultado de su experiencia, Jesús puede compadecerse de nuestras luchas y tentaciones, actuando como un "paracleto" o ayudador.
Se enfatiza que no estamos solos en nuestras batallas contra el pecado y el mundo de la oscuridad, ya que contamos con un intercesor y defensor celestial.