Se concluye que fuera de Cristo no hay nada, pero en Él hay vida eterna, redención, perdón y salvación.
Se reitera que el interés y amor de Jesucristo por la humanidad no ha disminuido, y que su ministerio de intercesión continúa activo en el cielo.
Se enfatiza que Jesús sigue preocupado por nosotros y nos fortalece en medio de las pruebas, acusaciones y necesidades.
La gloria final es para nuestro Señor, quien nos ofrece redención y salvación.