La periodista Anita Medrano informó sobre la dificultad para obtener testimonios de los vecinos de Barrelier, quienes expresan miedo y recelo a hablar públicamente. Se ha reportado que periodistas han sido amenazados, incluso con referencias a barras bravas, para que no dijeran "cagadas".
Un comerciante cercano a la casa de Barrelier, que colaboró con la policía en la investigación, se niega a mostrar su rostro en los medios por temor. Se especula sobre la existencia de una organización detrás de Barrelier y posibles vínculos con el narcomenudeo, sugiriendo que Agostina no sería la única víctima.
Elizabeth, la abuela de Agostina, confirmó que su hija Melisa sigue internada y que no fue al velorio de su nieta por su delicado estado. Desmintió la versión de que Melisa haya dicho que el crimen fue un "ajuste de cuentas", calificándola como una víctima más y criticando el juicio público hacia ella.
Elizabeth enfatizó que Melisa no sospechó de Barrelier en un principio y que su hija y nieta siempre fueron víctimas, maltratadas y no escuchadas, haciendo referencia a denuncias contra el padre de Agostina por violencia. Además, reveló que Melisa le había contado que Barrelier se manejaba con el apoyo de un "tal Moreno" que lo ayudaba a salir de problemas.