Según revelaciones en el programa, Claudio Barrelier mantenía una habitación "reservada" en su casa, a la que no se podía ingresar y donde evitaba que lo vieran. Se escuchaba música fuerte y se lo asociaba con videojuegos, lo que sugiere un intento de ocultar actividades.
Testimonios indican que Barrelier tenía un manejo autoritario sobre las personas que vivían con él, quienes le tenían más miedo que respeto. Esta dinámica de control y secretismo refuerza la imagen de un entorno turbio en el que se movía el principal sospechoso del crimen de Agostina.
La existencia de este "cuarto prohibido" podría ser clave para entender el entramado de los hechos, especialmente si se considera la hipótesis de un crimen planificado o relacionado con actividades ilícitas que requerían discreción.