El pastor presenta siete virtudes espirituales que, según su enseñanza, son clave para fortalecer la economía personal y mantenerla sólida y en paz, conectada con el cielo y sin crisis. La primera virtud es la fe en acción, que implica creer en Dios y actuar en consecuencia, como iniciar un negocio o dar una ofrenda, confiando en que Dios proveerá.
La segunda virtud es la humildad y un corazón desapegado del dinero, lo que permite gobernar las finanzas y tener autoridad sobre las deudas. La tercera es un corazón generoso, basado en Proverbios 11, que asegura prosperidad y recompensa divina, ya que la generosidad nunca empobrece.
La cuarta virtud es la integridad y pureza, enfatizando que Dios no bendice la trampa ni las acciones incorrectas, y que caminar derecho es esencial para conectarse con la economía del cielo. La quinta es la diligencia, esfuerzo y perseverancia, citando Proverbios 13, que afirma que el perezoso no consigue nada, mientras que el diligente prospera.