Abigail, una joven neozelandesa de 27 años, ha decidido emigrar a Australia en busca de un empleo con salario estable y un buen equilibrio entre la vida laboral y personal. Esta decisión se enmarca en un contexto donde un número récord de neozelandeses, especialmente jóvenes entre 20 y 39 años, están abandonando el país debido a que los salarios no logran seguir el ritmo del costo de vida.
La brecha de ingresos entre Nueva Zelanda y Australia sigue ampliándose, y la posibilidad de vivir y trabajar indefinidamente sin necesidad de visado en Australia fue un factor decisivo para Abigail. Ella está vendiendo sus pertenencias y no planea regresar, reflejando el deseo de su generación de tener una buena calidad de vida.
Robert McCulloch, profesor de economía en la Universidad de Oakland, atribuye gran parte de esta situación al clima político post-pandemia. Critica las políticas de Jacinda Ardern, que generaron un sentimiento de empobrecimiento en la población, y la falta de éxito del actual primer ministro, Christopher Luxon, en impulsar la economía, lo que lo ha vuelto impopular.
El descontento hacia el gobierno es palpable, con interrupciones durante el discurso de Luxon en las celebraciones del Día Nacional. A pesar de que el primer ministro intenta tranquilizar a la población mencionando el control del gasto y la reducción de la inflación, reconoce que aún queda trabajo por hacer en la disminución del desempleo.
Organizaciones estudiantiles, como la Asociación de Estudiantes de la Universidad de Auckland, buscan soluciones para que los jóvenes imaginen un futuro en Nueva Zelanda, promoviendo el emprendimiento y la innovación. Sin embargo, enfrentan escepticismo, ya que muchos consideran que emigrar a Australia sigue siendo la mejor opción para conseguir empleo y mejorar sus ingresos, aunque se advierte sobre las desventajas a largo plazo de no invertir en el propio país.